A orillas de la historia ðŸšðŸŒ¾

Hace unas semanas Luis y yo quisimos organizar para Pilar un primer paseo por la playa.

Esa es la fortuna de vivir en Granada. Uno tiene siempre a mano la montaña, el asfalto, el mar.

Y se mire donde se mire, ¡la historia!, no existe un solo rincón vacío, una pared donde no golpee, como las olas, el pasado. Su rumor.

Leí que hace siglos (¡trece, nada menos!), cuando comenzó en Damasco la dinastía de los abasíes, el nuevo califa organizó un banquete en Abú Futrus (Palestina), donde invitó a sus rivales omeyas, temeroso del poder que tenían, y allí los masacró.

Solo Abderramán I logró, junto a algunos miembros de su familia, escapar de aquella tragedia.

Después de haber perdido a sus hermanas y a su hijo y haber presenciado la decapitación de su hermano, después de años de dar vueltas y añorar su casa, Abderramán llegó al norte de África y entró en la península por Almuñécar. Un año más tarde derrotó al emir Yusuf al-Fihrí y tomó Córdoba, en donde fue proclamado emir independiente de Al-Ándalus.

A este emirato le sucedió el Califato de Córdoba, Segundo Califato Omeya, después de la autoproclamación del emir Abderramán III como califa en el año 929.

Cuando yo era apenas una niña, veía a mi padre devorar unos libritos (librazos) de historia, paseos por Córdoba, historias que nunca me llegaron a interesar. Puedo recordarlo en el patio de mi casa, tumbado en su hamaca, cigarro en mano, entregado a la lectura de aquellas páginas que regalaban con el periódico y que él había coleccionado y encuadernado con amor. Soñaba, creo adivinar, con aquel periodo dorado de su Córdoba querida. Todo cuanto sus ojos no vieron, apasionaba a su corazón.

Recuerdo una visita a Medina Azahara con mis hermanos y mis padres. Él trataba de explicarnos. Nosotros, un poco idiotizados por el sopor de la adolescencia, nos burlábamos —¿qué tienes papá, con los omeyas, que te gustan tanto? —y nos negábamos a escuchar.

Supongo que son cosas de la vida que precisamente yo haya acabado echando de menos sus lecciones, ahora que tanto las podría disfrutar. Tiene su gracia haber nacido en Córdoba y después haber ido a parar a los pies de la Alhambra, a pasear a mi hija por las playas donde la historia que a mi padre le daba alas comenzó.

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