A orillas de la historia ūüźöūüĆĺ

Hace unas semanas Luis y yo quisimos organizar para Pilar un primer paseo por la playa.

Esa es la fortuna de vivir en Granada. Uno tiene siempre a mano la monta√Īa, el asfalto, el mar.

Y se mire donde se mire, ¡la historia!, no existe un solo rincón vacío, una pared donde no golpee, como las olas, el pasado. Su rumor.

Le√≠ que hace siglos (¬°trece, nada menos!), cuando comenz√≥ en Damasco la dinast√≠a de los abas√≠es, el nuevo califa organiz√≥ un banquete en Ab√ļ Futrus (Palestina), donde invit√≥ a sus rivales omeyas, temeroso del poder que ten√≠an, y all√≠ los masacr√≥.

Solo Abderramán I logró, junto a algunos miembros de su familia, escapar de aquella tragedia.

Despu√©s de haber perdido a sus hermanas y a su hijo y haber presenciado la decapitaci√≥n de su hermano, despu√©s de a√Īos de dar vueltas y a√Īorar su casa, Abderram√°n lleg√≥ al norte de √Āfrica y entr√≥ en la pen√≠nsula por Almu√Ī√©car. Un a√Īo m√°s tarde derrot√≥ al emir Yusuf al-Fihr√≠ y tom√≥ C√≥rdoba, en donde fue proclamado emir independiente de Al-√Āndalus.

A este emirato le sucedi√≥ el Califato de C√≥rdoba, Segundo Califato Omeya, despu√©s de la autoproclamaci√≥n del emir Abderram√°n III como califa en el a√Īo 929.

Cuando yo era apenas una ni√Īa, ve√≠a a mi padre devorar unos libritos (librazos) de historia, paseos por C√≥rdoba, historias que nunca me llegaron a interesar. Puedo recordarlo en el patio de mi casa, tumbado en su hamaca, cigarro en mano, entregado a la lectura de aquellas p√°ginas que regalaban con el peri√≥dico y que √©l hab√≠a coleccionado y encuadernado con amor. So√Īaba, creo adivinar, con aquel periodo dorado de su C√≥rdoba querida. Todo cuanto sus ojos no vieron, apasionaba a su coraz√≥n.

Recuerdo una visita a Medina Azahara con mis hermanos y mis padres. √Čl trataba de explicarnos. Nosotros, un poco idiotizados por el sopor de la adolescencia, nos burl√°bamos ‚ÄĒ¬Ņqu√© tienes pap√°, con los omeyas, que te gustan tanto? ‚ÄĒy nos neg√°bamos a escuchar.

Supongo que son cosas de la vida que precisamente yo haya acabado echando de menos sus lecciones, ahora que tanto las podría disfrutar. Tiene su gracia haber nacido en Córdoba y después haber ido a parar a los pies de la Alhambra, a pasear a mi hija por las playas donde la historia que a mi padre le daba alas comenzó.

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