Caja de zapatos.

Algunos ya han empezado a hacerlo. De buenas a primeras, desconozco qué es lo que les pasa, se vuelven más antipáticos. Dejan de saludar y se arrinconan y hasta nunca, comienzan a tejer el capullo, se aíslan, se envuelven y se acabó, porque la próxima vez que la mano destape el cielo se los llevará consigo y ya no los veremos más. 

Me da muchísimo miedo. Porque algún día vamos a ser nosotros, los más pequeños, que no hemos parado de crecer desde que llegamos. Y lo peor es que creo que no hay elección. Me lo ha dicho Lucas. Yo andaba convencido de que la clave estaba en no arrinconarnos nunca. Después de todo, si no lo tejemos no va a haber capullo que nos envuelva y entonces la mano jamás podrá alcanzarnos con esa facilidad y quitarnos del medio. Pero Lucas se echó a reír con ese descaro, a veces juro que lo mataría. ¡El ciclo de la vida!, es lo que dijo. Como si ya estuviese escrito y de verdad alguna vez vaya yo a decidir que ha llegado el momento, o a morirme de frío y sucumbir al encanto de la seda y echarme a perder. O a lo mejor es que se nos va la cabeza y actuamos por instinto, cuando llegamos a viejos, y nos da por tejer como locos y el final es inevitable. 

Sea como sea yo pienso resistir. Al desenlace y a la realidad esta, los muros donde el mundo acaba. Porque cuando la mano destapa el cielo, juro que a veces he alcanzado a ver otro, uno más azul, y una luz que casi me deja ciego y me he llenado de una vida que, a ver, siendo sinceros, falta aquí. Además, tengo como un recuerdo, vago, pero lo tengo, de un lugar donde no existían paredes y todo era verde y la comida mucho más fresca. Entonces llegó la mano y nos arrancó de allí. A lo mejor solo ha sido un sueño, sé que es probable, pero es que a través de los agujeros del cielo, ¡de verdad!, más de una vez he alcanzado yo a intuir esa otra realidad que tal vez sea la única. Es una idea que me ronda desde hace tiempo.

Pero nadie más lo cree posible.

¡Filósofo! Es lo que me han gritado las veces que se me ha ocurrido insinuar que acaso esto no es más que una representación, como un eco deformado de lo que es de verdad. 

Claro que no lo puedo mostrar. 

Solo me queda soñar alcanzar a asomarme un día y, si es que el mundo está ahí fuera, entonces, tejer mi capullo donde me dé la gana y no depender de la mano, ser libre, en una palabra y, por inventar, procurarme unas alas y hasta volar. 

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