Conducta en las pandemias.

La han llamado pandemia. 

Una ola de varios metros sacude al mundo entero y arrasa en cada pueblo, en cada hogar. 

Echan humo, los periódicos. Los hospitales, están a punto de colapsar.
Se ha pedido, en varias ocasiones lo han hecho, con diferentes tonos; se ha pedido al ciudadano que permanezca en casa, que reduzca como sea la vida social.
Librerías, restaurantes, cafeterías, bares. Todo cerrado. Nadie se salva. 

Los esperanzas andan encerrados en sus casas, enganchados al televisor. Anotan datos y dibujan curvas en sus libretas y se aseguran en todo momento de tener, para cualquier asunto, una opinión. Calculan, critican y dictan sentencias. Se asoman a sus ventanas y cuando ven a algún fama en la calle, gritan e imponen orden por una especie de altavoz. 

Los famas están asustados. Ninguno desea morir. Han encontrado, no obstante, una manera de salir a la calle y estar a salvo. Parece que si es para sacar al perro, entonces sí… Y leen con avidez los datos y las opiniones de los esperanzas y a cada instante los paraliza el miedo y después salen a los balcones y se ponen a aplaudir. 

Los cronopios, cada día cuando atardece, se suman al aplauso de los famas y enseñan al mundo sus pancartas: QUERIDO VIRUS, NO ESTAMOS ENFADADOS. NO LLORES, SENTIMOS MUCHO IR CONTRA TI. 

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