No la veis

La vi pasar de largo y enseguida lo supe: detrás, muy por detrás de aquella sonrisa y las ojeras mal disimuladas, habitaba una sombra.

Melancolía inventada de sueños por cumplir.

La vi pasar tan bella, todo fachada. Toda ella recubierta del diseño de un tercero, convencionalismo asumido y maneras de señorita instruida.

La vi pasar y me recreé en su esbeltez, tan alta finura. Las ventanas –esos ojos saturados de vida, los dientes blancos que aprisionaban su verdad –dejaban entrever un interior que completaba con la imaginación.

La vi pasar feliz pero olía a tristeza.

La vi pasar tan apagada cuando brillaba en su ser recóndito.

Le imaginé el plañido más amargo aquella tarde en que se le reían los huesos.

Le inventé las risas de niños, el llorar de una guitarra, el amor que se hace de madrugada y las riñas de los vecinos en su interior.

Me deleité en la fachada y jugué a darle una historia.

Después, sin más, desapareció.

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