Rayuela.

Se abrió entre mis cejas, en el diminuto triángulo equilátero que existe entre mis cejas, allí donde guardo los sueños y nace el agujero negro de mis pensamientos, una puerta de dimensiones indescriptibles y formas imposibles de imaginar.

Se abrió una puerta entre mis cejas y tuve miedo de que por ella se escaparan las ideas o algún enredo; se abrió una puerta y entraron tus palabras, tu juego de palabras y toda la magia, y entró tu mano en mi cabeza, tu mano con tus dedos que me exprimen el pensamiento y lo revuelven y me derriten y me roban la forma y me reinventan.

Y me hiciste pensar y por eso me doliste; y en lo que dura un suspiro viajé al pasado y entonces, con apenas veinte años, me permití echarte de menos y dejar de escribir.

Ya lo dijo Borges: “Que otros se jacten de las páginas que han escrito; a mí me enorgullecen las que he leído”.

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